Está bien recordar que las personas que tenemos esta orientación sexual no somos una minoría tan minoría (como quieren que creamos).
Podemos tomar dos posturas:
- Valorar que no nos vale la pena darlo a conocer y vivir nuestra sexualidad de una forma escondida.
- Querer luchar para normalizar esta situación y mostrarnos tal como somos (es fácil que nos encontremos con más acogida de la prevista, pero también que tengamos que afrontar otros problemas).
Muchas personas -una cuñada lesbiana, un amigo gay...- no han escondido su identidad sexual. Así han ayudado a construir una sociedad más respetuosa con las diferentes maneras de vivir.
Nos será útil leer libros, mirar pelis (las porno justamente no...), pedir ayuda a profesionales y/o asesorarnos en casales o asociaciones de personas lesbianas, gays o transexuales.
Evitemos fomentar los tópicos y caer en la esclavitud de la estética (ni de tía barbie, ni de tío musculitos) y démosle importancia a pisar fuerte en la vida.
Recordemos que sexualidad y reproducción no tienen porqué tener relación. La reproducción no es la función principal de la sexualidad -es el placer-, sino una más. No olvidemos que actualmente hay maneras de ejercer la paternidad o la maternidad diferente a la pareja del hombre y la mujer.
Explicar y compartir qué nos pasa, qué sentimos y cómo somos, nos ayudará a vivir más tranquilamente, a aceptarnos tal como somos y a asumir nuestro deseo sexual de una manera más natural -a pesar de no sea el mayoritario.
Si somos hombres y practicamos sexo con penetración con otros hombres, tengamos en cuenta que esta práctica -la penetración anal- es la que tiene más riesgo de infección sexual (VIH, sífilis, gonorrea, hepatitis...) ¡Así que con condón!
Vigilemos si somos muy jóvenes y nos movemos por lugares de ambientes duros. En algunos centros para personas homo o bisexuales se fomentan prácticas sexuales (anónimas, sin preservativos, con muchas drogas) que poco tienen que ver con el respeto y la salud.
Ir a bares, centros, casales de gais o lesbianas va muy bien para encontrarnos con gente que siente de manera parecida a la nuestra. Pero mezclarnos y la diversidad es de las cosas guapas de la vida. Procuremos no hacer guetos ni cerrarnos en estos círculos, y enriquezcámonos mutuamente con nuestras diferencias.
Con los amigos y las amigas
Un amigo o una amiga es aquel/a que nos escucha, nos entiende, se preocupa por lo que nos pasa, nos respeta... En definitiva; que nos quiere. Si se trata de una buena amiga o un buen amigo, seguro que nos entenderá y nosotros nos sentiremos mucho más a gusto con ella. ¿Y si se lo explicamos y deja de serlo?
Si al cabo de un tiempo todavía no lo ha aceptado, seguramente querrá decir que no era una amistad verdadera. Ya nos iremos rodeando de personas que nos aprecien realmente.
No nos habremos equivocado al decírselo, sino de haberlo considerado amigo o amiga.
Con la familia
Hablarlo con la familia siempre nos será difícil, pero nos ayudará si los de casa lo entienden (¡es lo que suele pasar normalmente!). Si es así, nos quitaremos un gran peso de encima...
Como de familias hay de muchos tipos: chapadas a la antigua, bohemias, sólo de la madre o del padre, de padres separados, de muy religiosas o muy hippies... tendremos que saber encontrar el momento oportuno para abrir el tema.
La primera reacción acostumbra a ser de choque, impulsiva o precipitada. Pero después suele abrirse un espacio de comprensión. Nos puede ser muy útil tener a mano material informativo que han hecho diferentes colectivos -como por ejemplo de alguna Asociación de padres y madres de hijos gais y lesbianas.
También podemos optar por no explicarlo, o explicarlo un poco más adelante, cuando seamos más mayorcitos y nos sintamos preparados para hacerlo...
En el pueblo, en el barrio
En una población pequeña -donde todo es más visible- a veces la gente está muy (demasiado) pendiente de lo que hacemos o dejamos de hacer. Quizás la moral es más cerrada que en una ciudad donde todo el mundo es más anónimo y donde pasa y se ve de todo (hay más diversidad).
Si vivimos en un pueblo planteémonos si seremos capaces de aguantar posibles prejuicios o si preferimos expresarnos libremente en un lugar donde no nos conozcan. Podemos optar por hacerlo público más adelante, cuando tengamos la suficiente fortaleza y madurez para no tener que esconder nada a nadie. En algunos círculos (universidad, ambientes artísticos...) se respeta más la diferencia; quizás sea un buen lugar para empezar...